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última actualización 6:26 pm octubre 24 de 2014

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Revista Cambio, Bogotá

Registraduría Nacional busca un futuro libre de documentos

Indocumentados. Así iban a recibir el 2010 los cerca de 4 millones de colombianos que en su billetera no guardan hoy la nueva cédula de ciudadanía, la amarilla con hologramas y con la foto a color, único documento válido de identificación para los mayores de edad en el país a partir del 30 de julio de este año.

A ellos los salvó el regalo navideño que hizo el Gobierno el pasado 22 de diciembre, cuando antes del final del plazo anunciado decretó que habría una prórroga de 7 meses para obtener el renovado documento.

El inicio de la nueva década jubilará entonces a la histórica cédula blanca laminada que apareció por los años cincuenta y a la café plastificada con la fotografía en blanco y negro que llegó en 1993.

De los 4 millones de colombianos que aún no tienen en su poder la nueva cédula, 550.000 son personas que no realizaron el proceso de renovación y aproximadamente 380.000 corresponden a solicitudes rechazadas, ya sea porque la huella o la foto tienen defectos en su calidad o por inconsistencias en la información del ciudadano. Sin embargo, la mayor parte, 3,2 millones, son personas que, a pesar de haber efectuado el trámite, no han reclamado el documento y sus cédulas reposan en los cajones de alguna Registraduría.

Como el 31 de diciembre pasado se esfumaba el plazo para tener la nueva cédula, ese mes fue una prueba más de la capacidad de los colombianos para estirar el tiempo, dejar todo para el final y hacer ’colas’. Las oficinas centrales de la Registraduría Nacional fueron testigos de las miles de personas que se volcaron a realizar el trámite de renovación a última hora y colmaron las ventillas y entradas de las instalaciones en la calle 26 de Bogotá.

Adentro, hasta la sala de espera del despacho de Jaime Suárez, director nacional de identificación, servía como lugar para acomodar ciudadanos que querían su documento antes del Año Nuevo. Él cuenta que la entidad produce en promedio 60.000 cédulas al día, pero ante la demanda ha alcanzado hasta 90.000. "Hoy falsificar una cédula en su totalidad es imposible", aseguró el funcionario.

Tecnología tras la identidad

La firmeza de la frase de Suárez está sustentada en los elementos físicos e intangibles que integran el proceso de identificación que emplea la Registraduría Nacional. Por ejemplo, el director resalta que una de las mayores fortalezas es el Sistema Automático de Identificación de Huellas Dactilares (AFIS) que tiene el país. Esta es una técnica empleada en la identificación criminal por departamentos de Policía de Estados Unidos, Indonesia, España, Suecia y Japón, pero Colombia, a diferencia de ellos, la ha implementado con fines civiles.

El AFIS, como lo define la firma especializada en esta tecnología Iafis, es un sistema informático compuesto de hardware y software que permiten la captura, consulta y comparación automática de huellas dactilares, gracias a ciencias biométricas y fórmulas matemáticas que leen los rasgos únicos de cada huella dactilar.

De acuerdo con Bernard Didier, ejecutivo de Sagem Sécurité, cada dedo en promedio cuenta con 80 puntos singulares o característicos. Estos puntos se forman durante el tercer mes de la vida intrauterina, son únicos e inmutables en toda la vida, y los que se comparan al momento de la identificación de una persona.

Los expertos aseguran que hoy en día las probabilidades de repetición de un código dactilar en el actual sistema Afis son 1 en 100 millones. Además, gracias a esta tecnología se realizan 60.000 cotejos de identificación diarios en Colombia, gran parte de ellos en línea y desde accesos remotos.

Las nuevas cédulas también esconden secretos en sus 8,5 centímetros de largo por 5,5 de ancho. Por ejemplo, el material con el que se fabrican se llama teslín, un compuesto sintético que se procesa igual que el papel, pero que brinda la misma durabilidad que una película plástica.

Además, el documento cuenta con hologramas tridimensionales, similares a los que tienen las tarjetas bancarias de Visa o MasterCard, código de barras bidimensional, escudos metalizados y microtextos ocultos para garantizar la autenticidad de la cédula. Por si eso no bastara, subraya Suárez, la Registraduría imprime cada cédula con un sello de fabricación que garantiza que el documento salió de las instalaciones de la calle 26.

El futuro dactilar

Pero ¿qué pasa cuando no hay huellas dactilares que comparar debido a dermatitis, amputaciones de las manos o malformaciones de nacimiento? Pues bien, según Suárez, el sistema es inteligente. Por ejemplo, al registrar a una persona se hace la captura de los 10 dedos de las manos, luego el software identifica cuál tiene la mejor huella y esta será la que se imprima en la cédula. O si no tiene manos, la cédula tendrá escrita esta señal particular y el código de barras almacenará información que la verifique.

REGISTRADURÍA NACIONAL DEL ESTADO CIVIL

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