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Con el apoyo de la División de Asistencia Electoral (DAE), de la Secretaría General de Naciones Unidas para el Desarrollo de Colombia, la Agencia Colombiana de Cooperación Internacional y la Registraduría Nacional del Estado Civil, se adelantó en Colombia una Asistencia Preparatoria con el propósito de diseñar un proyecto de Modernización del Sistema Electoral Colombiano. Para consultar sus conclusiones haga clic en el siguiente vínculo: Presentación de los consultores al "Estudio Integral para la Modernización Sistema Electoral Colombiano".

Comentarios sobre el “Proyecto integral para la modernización del sistema electoral colombiano”

Por: Carlos Mario Valenzuela

1. En primera instancia quiero agradecer a la Registraduria Nacional del Estado Civil por la generosa invitación que me hicieron para comentar el trabajo de asistencia preparatoria de las Naciones Unidas para diseñar un proyecto integral de modernización del sistema electoral colombiano. Realmente es con mucha modestia que acepto la invitación, ya que más que un experto electoral, yo me considero un burócrata electoral, eso si con muchos años de trabajo diseñando, dirigiendo e implementando proyectos de asistencia electoral para la ONU, en particular proyectos en zonas de “circunstancias particularmente difíciles”. De manera que, aunque no siendo un estudioso del caso colombiano, pienso que mi experiencia puede, de alguna manera, dar luces al proyecto que hoy presenta sus hallazgos. De modo que mis sencillos comentarios serán muy empíricos, basados estrictamente en la experiencia personal acumulada con las Naciones Unidas en materia electoral. No obstante, quiero aclarar que a pesar de mi estrecha vinculación con la División de Asistencia Electoral de la ONU, estas notas, muy informales, son también muy personales, sin pretender presentar una posición de la DAE o del sistema de Naciones Unidas.

2. Por su naturaleza práctica, y dadas las limitaciones de tiempo, pensé que seria apropiado que la mayoría de mis comentarios se centraran en el proyecto mismo, mas que en los hallazgos, diagnósticos y recomendaciones del proyecto. Pero no puedo dejar de hacer un par de anotaciones rápidas al final sobre algunos puntos muy específicos del proyecto, tal como los esfuerzos para la formación y educación electoral y algunas posiciones frente al tema del voto electrónico. Para comenzar, y con el animo de poner en contexto el proyecto que nos compete hoy, quisiera empezar con una breve reseña de la asistencia electoral de la ONU.

 3. Dentro de su trabajo de promoción de la paz, los derechos humanos y el desarrollo humano, las Naciones Unidas han venido apoyando procesos electorales en diferentes partes del mundo desde hace ya muchos años. Este trabajo se llevaba a cabo en proyectos de asistencia técnica y financiera, implementados por diferentes agencias del sistema, y principalmente (aunque no exclusivamente) por el PNUD. Pero fueron principalmente las elecciones comprendidas dentro de procesos de paz (manejados por el Departamento de Mantenimiento de la Paz) que las misiones electorales de la ONU tomaron un protagonismo importante. En ese contexto, y dada la complejidad y la sensibilidad política de la asistencia electoral, la ONU decidió en 1992 crear una División de Asistencia Electoral (DAE), inicialmente parte del Departamento de Mantenimiento de la Paz, con el fin de coordinar todas las actividades de asistencia electoral del sistema. Más adelante la DAE se trasladó al Departamento de Asuntos Políticos al establecerse que el “punto focal” de la asistencia electoral sería el Secretario General Adjunto de Asuntos Políticos, con la DAE como la instancia responsable de asesorar y coordinar toda la asistencia electoral de las Naciones Unidas. Hoy por hoy, la División maneja algo mas de 75 proyectos de asistencia electoral, incluyendo el que hoy presenta sus resultados.

 4. Mencioné que el tema de la asistencia electoral es muy sensible y delicado. En efecto, la ONU considera que las elecciones son (o deben ser) la expresión por excelencia de la soberanía de cada estado. No es difícil entender que los estados miembros puedan ser muy recelosos de la asistencia electoral, pues pudiera confundirse con ingerencia internacional en asuntos internos. Es por ello que el apoyo electoral de la ONU tiene una serie de condiciones y de procedimientos que deben ser seguidos cuidadosamente por todas las agencias que implementan este tipo de proyecto bajo la orientación de la DAE, y todo proyecto de asistencia electoral debe ser muy consciente del contexto e implicaciones políticas del mismo. De allí la importancia de la dirección y la coordinación de toda actividad electoral de la ONU por la DAE. Toda asistencia en materia electoral debe ser requerida por escrito por el estado miembro o por su institución electoral. Es normal que un informe sobre cualquier asistencia electoral insista en el hecho que el proyecto se implemento “atendiendo una petición” oficial. Es claramente el caso del proyecto colombiano, que fue solicitado en 2002 por la señora Registradora del Estado Civil. El segundo paso, también fundamental, es el llevar a cabo una misión de evaluación de necesidades, donde expertos de la DAE determinan un diagnostico inicial de la situación, posibles salidas a los problemas y, en particular, la viabilidad de una intervención de la organización atendiendo el llamado oficial. (En el caso colombiano, la misión de evaluación de necesidades se desarrolló durante el mes de diciembre de 2002, dirigida por Carina Perelli, la directora de la DAE.) Finalmente, basada en los hallazgos de la misión, la DAE recomienda al Departamento de Asuntos Políticos entrar a apoyar (o no) el pedido de asistencia, para llegar a una decisión formal. En muchos casos se requiere además un mandato especifico, ya sea del Consejo de Seguridad o de la misma Asamblea General.
 
5. El tipo de asistencia electoral de la ONU es muy variada – desde el caso extremo donde las Naciones Unidas organizan las elecciones, hasta la observación y la supervisión de procesos electorales. Pero la gran mayoría de proyectos electorales son de asistencia a las instituciones nacionales encargadas de la organización electoral, ya sea apoyo técnico, material o financiero. Esta asistencia puede ser para organizar un evento electoral, para cualificar la organización electoral, o como es el caso en Colombia, reformando el sistema existente.

6. Una característica de la asistencia electoral de la ONU es la de preferir la función de “facilitar” procesos, donde se apoyan las instituciones nacionales a adelantar el trabajo electoral; únicamente se opta por la modalidad excepcional de organizar procesos electorales en circunstancias extremas, donde no es posible que instituciones locales desarrollen el trabajo. Aun así, el enfoque adoptado por la asistencia electoral de la ONU es el de “fomento de la capacidad”, entendiéndose que la asistencia internacional debe ser estrictamente temporal, evitando crear lazos de dependencia, y por otro entendiendo que la organización electoral debe ser manejada en la medida de lo posible por agentes nacionales. El “fomento de la capacidad” se ha convertido en el principio orientador por excelencia de toda acción de asistencia electoral internacional. La premisa de base es que la organización electoral, además de su componente técnico y administrativo, se refiere fundamentalmente a procesos sociales y políticos, y desde una visión de participación y apropiación de los procesos, es obvio que cualquier trabajo electoral (ya sea la elaboración de un marco legal e institucional o la de su reforma, o bien la organización de un evento electoral) debe ser manejado por aquellos directamente implicados.
 
  7. Un corolario a lo anterior es el que, por tratarse de casos particulares en contextos muy específicos, no existen “recetas” para la asistencia electoral. No existe un sistema electoral que sea “óptimo” y que pueda exportarse fácilmente. Los sistemas, instituciones y procedimientos electorales deben construirse localmente, de acuerdo a las características especificas de cada situación. Existen, eso sí, principios generales y “estándares” internacionales, y los análisis comparativos pueden resultar muy útiles a la hora de ofrecer asistencia electoral, pero es fundamental no caer en la trampa de querer replicar experiencias de manera idéntica en contextos diferentes. Una lección que se ha aprendido es que la construcción de instituciones y practicas electorales, y la solución de problemas electorales en cada instancia, deben ser manejados de manera “negociada”, sin tratar de imponer soluciones ni propuestas unilaterales. El nombre del juego electoral es la aceptación de las reglas del juego por todos los actores concernidos para que, al salir los resultados de un proceso, estos sean aceptados como legítimos. El meollo principal de un proceso electoral es el de su credibilidad, es decir, la creación de suficiente “confianza” para que el proceso y sus resultados sean aceptados como legítimos.

8. En 2001 y 2002 la ONU organizó elecciones para asamblea y para presidente en Timor Oriental y yo tuve el privilegio de ser el jefe electoral para ambas elecciones. Allí no había ningún marco electoral previamente establecido – no había constitución, mucho menos leyes, reglamentaciones o procedimientos electorales. En estos contextos de transición, normalmente se establecen algunas reglas fundamentales de juego en previas negociaciones que se cristalizan en acuerdos de paz – fue el caso de Camboya en 1993, donde las modalidades electorales se plasmaron en los Acuerdos de Paris, o para la misma Consulta Popular en Timor en 1999, donde las modalidades electorales fueron negociadas por Portugal e Indonesia, apoyadas por la ONU en mayo de 1999. Pero no había acuerdo alguno en Timor, desde que la ONU llego a administrar el territorio en 1999. Muchos insistieron que esta era una oportunidad única para que la ONU, administrando “su” proceso, estableciera un marco electoral y unas reglas de juego “puras”, donde quedaran plasmadas los principios y estándares internacionales de manera integra y sin “perversiones”. Había en esta propuesta dos fallas fundamentales: no existe, ya lo dijimos, un sistema “puro”. Más importante, si bien la ONU era la organización electoral, el proceso seguía siendo (y tenia que seguir siendo) estrictamente timorense – de nada valía establecer reglas de juego que nos parecieran a nosotros, los burócratas internacionales, algo así como ideales, si los partidos políticos timorenses, y la ciudadanía en general, no los aceptaban y no se decidían a seguir esas reglas de juego. Así que bajo la brillante orientación de Sergio Vieira de Mello, jefe de la misión en Timor, y Carina Perelli, directora de DAE, el trabajo inicial nuestro fue el de fomentar la discusión, apoyar el dialogo y facilitar la negociación de propuestas para lograr unos “acuerdos básicos” que sirvieran como marco electoral temporal, siendo siempre muy vigilantes que las propuestas negociadas no fueran en contra de principios internacionales.

9. El caso colombiano es muy distinto, pero espero que ya hayan visto los hilos comunes en términos de asistencia electoral. (Entre otras cosas, irónicamente, parece casi mas fácil negociar algo desde cero que tener que reformar algo con mucha tradición y, por que no decirlo, con una practica “acomodada”.) El trabajo de la ONU (tanto de la DAE como del PNUD-Colombia, que ha constituido un ejemplo de excelente cooperación intra-institucional) se planteó esencialmente en términos de facilitar una asistencia preparatoria. Se acudió a un llamado de la Registraduria, se adelanto una evaluación de necesidades y se presentaron unas recomendaciones, ofreciendo además un apoyo importante para la implementación del proyecto. Una vez formulado, el proyecto fue desarrollado por colombianos: con consultores colombianos y con una alta participación de funcionarios de la Registraduria en todas las regiones del país, con participación igualmente de los sindicatos, grupos civiles y otras autoridades nacionales y regionales. Me parece importante resaltar que fueron expertos colombianos, muy reconocidos en el país, los encargados de preparar el estudio. Este hecho podrá sorprender, pues es muy normal que se suponga una presencia “extranjera” importante en un proyecto de las Naciones Unidas. Pero repito, la ONU favoriza la presencia de expertos nacionales cuando los hay y cuando no hay motivos para sospechar de la integridad e imparcialidad de esos expertos. En Irak se nos criticó muchísimo la relativa poca presencia de personal extranjero, mientras se señalaban los casos de Timor o Afganistán donde la presencia internacional era mucho más substancial. Lo que había que explicar era que, no únicamente el mandato era distinto, pero que desde un inicio se planteó un trabajo donde los iraquíes, quienes tienen un recurso humano muy rico y capacitado, pudieran ellos mismos organizar las elecciones de una asamblea constituyente, apoyados con presencia internacional para ofrecer ayuda técnica, canalizar ayuda financiera y servir como una fuente de “confianza”. Pero desde un inicio se pensó que eran los iraquíes quienes deberían liderar e implementar el proceso - y así fue. Igualmente, me cuesta trabajo pensar que, por mas competentes que fueran, la presencia de expertos internacionales hubiera podido tener los resultados que hoy presenta el proyecto y, aun mas importante, que tuvieran la credibilidad que hoy estos gozan.

10. Los hallazgos y recomendaciones del estudio se presentan hoy a las autoridades y a la ciudadanía, con el ánimo de contribuir y acelerar el proceso de negociación de la reforma. Cabe aquí una importante aclaración – el mandato de la ONU no era aquí el de “negociar” la reforma, simplemente se trataba hacer un estudio, objetivo, serio, imparcial para ofrecer un diagnostico y proponer recomendaciones. El proyecto se convierte así en un importante aporte a la discusión y a la negociación de la reforma, pero la reforma la tienen que hacer los colombianos en general y las instancias políticas que están a cargo de ello. Lejos de la intencionalidad del proyecto es la de “armar” la reforma o de intentar substituirse a las instancias pertinentes. 

11. A pesar de su larga tradición, y no obstante los logros alcanzados en las ultimas décadas en materia de organización electoral, es claro que Colombia requiere una reforma electoral substancial. No hay sistema perfecto y en cualquier circunstancia es necesario cualificar los procesos de manera general y de reforzar la capacidad institucional de los órganos electorales – en el caso colombiano, el estudio presenta un diagnostico detallado de la situación actual y de los desafíos identificados. Los hallazgos refuerzan la primera consideración de la evaluación de la DEA en el sentido que la reforma no puede ni debe hacerse por pedacitos y de manera descoordinada – es esencial adoptar una visión integral y global. Una reforma de ese tipo implica un proceso complicado de estudio, análisis y negociación, donde los pasos a seguir son muchos y engorrosos, en una cadena de interdependencias importantes. La presentación de la ruta critica de la reforma en el proyecto habla por si sola, yo quisiera tan solo insistir en un punto que ha demostrado ser de vital importancia en este tipo de procesos: el tiempo en que este proceso debe ser adelantado. Previo a un evento electoral hay siempre hay que promover ajustes, en general de tipo “estético” – lo cierto es que entre menos ajustes y cambios al sistema se hagan en periodo pre-electoral, muchísimo mejor. Ni hablar de adelantar reformas estructurales y substanciales en ese momento. Desdichadamente, son muchísimos los casos donde una reforma del marco electoral toma vigencia cuando el próximo evento electoral ya se aproxima, y es allí cuando es menos recomendable adelantar ese tipo de proceso. Las razones son obvias, pero no por eso vamos a dejar de mencionarlas: en primer lugar, la legitimidad de las reformas adelantadas siempre queda cuestionada. En la mayoría de los casos las instancias políticas encargadas de llevar adelante las reformas están directamente implicadas en la justa electoral y por tanto sus acciones son sospechosas. Así no haya en ningún momento deseo de acomodar las reformas a las necesidades electorales de los diferentes actores, es muy difícil probar que ese es el caso – y en elecciones, aún mas que las realidades, lo que cuentan son las apariencias. Es el principio de la esposa del Cesar – no únicamente tiene que ser fiel, tiene que tener todas las apariencias de ser fiel. Reformas electorales en periodo pre-electoral carecen generalmente de legitimidad y complican enormemente los procesos. En segundo lugar, y desde mi perspectiva de administrador electoral este es un punto importantísimo, es fundamental tener muy claramente definidas las reglas de juego desde antes de que el proceso empiece a andar. No hay nada más peligroso para una organización electoral, que tener que preparar un evento donde las reglas no están clara, y oportunamente, definidas. Organizar elecciones no es cosa fácil – siempre nos gusta recordar que preparar una elección es la tarea logística mas difícil que pueda emprender un país en tiempos de paz. Para el ciudadano común esto no es muy claro, aun menos para los políticos encargados, en muchos casos, de determinar los calendarios electorales. Con todo el respeto, es mi experiencia que los políticos creen saber mucho de elecciones (porque las han ganado), pero la verdad es que saben muy poco de administración electoral. Para organizar un proceso creíble se necesita tiempo suficiente, además de contar con reglas definidas. Desde lejos, yo pude observar con gran admiración el trabajo casi heroico de la Registraduria Nacional del Estado Civil organizando, con gran éxito, el fin de semana electoral del 2003. Y pensaba que los políticos que decidieron el calendario electoral no se darían nunca cuenta del esfuerzo tan impresionante, y de las presiones y riesgos que los eventos electorales sufrieron, precisamente porque todo pasó bien. Pero en mi experiencia han sido muchos los casos donde precisamente todo vino a pique, no por los esfuerzos de la administración electoral, sino porque los plazos y ritmos electorales no se pudieron cumplir porque las decisiones políticas llegaron demasiado tarde. Hoy estamos a pocos meses de los próximos eventos electorales en el país, y yo veo mal como los órganos electorales podrían digerir una reforma electoral, estructural e integral, que empezara apenas ahora su trámite y desarrollo. Las presentaciones de los expertos muestran que hay muchos aspectos que necesitan ser clarificados antes de los próximos comicios (el status del voto en blanco, por ejemplo), pero desde mi perspectiva me parece muy poco recomendable tratar de iniciar una reforma integral en este momento. Se han mencionado puntos que requerirían clarificación inmediata, como el status del voto en blanco y las elecciones con un solo candidato, y cuando se dice “inmediata” quiere decir en las próximas semanas. La reforma electoral integral, por otra parte, si debería convertirse en uno de los puntos prioritarios de trabajo del nuevo congreso, una vez elegido. Porque lo que si es claro es que la reforma es necesarisima, y que no debe retrasarse.

  12. Sería difícil referirme de manera especifica a cada uno de los temas que el estudio manejó, tanto en relación con el diagnostico del sistema electoral colombiano como a sus recomendaciones. De manera general, vale resaltar que en su gran mayoría los hallazgos y propuestas presentados reflejan las prácticas de la asistencia electoral internacional, siempre con el ánimo de reforzar la credibilidad de los procesos. Es así como la ONU ha sistemáticamente resaltado la necesidad de establecer órganos electorales independientes, por ejemplo. Así se hizo en Palestina e Irak; aún en Timor, donde el territorio era administrado por la Organización, se creó una Comisión Electoral Independiente. En los proyectos de asistencia técnica, siempre se estudian las mejores maneras para reforzar el carácter independiente de las instituciones electorales ya establecidas – independiente de los gobiernos de turno y de las influencias partidistas. De manera que las recomendaciones del estudio en cuanto a la organización electoral son completamente consecuentes con las mejores prácticas de la asistencia electoral de la ONU. Como lo es, igualmente, el énfasis en el fomento de la capacidad, tanto en el ámbito institucional (formación y capacitación de agentes electorales) como a nivel ciudadano (educación cívico-electoral de una parte, pero también formación electoral de agentes de partidos, observadores, medios de comunicación, etc.) Sería mucho lo que se podría decir de este tema tan primordial, pero hoy quisiera limitarme a destacar la concordancia entre lo propuesto por el estudio y las prácticas de la ONU en sus diferentes proyectos. Aunque siempre se señala la trascendencia del tema, la verdad es que la formación y la educación electoral frecuentemente quedan relegados a acciones puntuales, de último minuto antes de un evento electoral y sobre todo, sin recursos para ejecutarse. Anteriormente se insistía mucho en los proyectos de asistencia en que el líder institucional para la educación cívico-electoral fuera el órgano encargado de preparar los eventos electorales. En gran medida, esta orientación obedecía a que cuando la organización electoral no participaba en estas actividades, se observaba una gran dispersión de esfuerzos y, sobre todo, que se distribuía mucha mala información frente al proceso que finalmente acababa por tener efectos muy negativos. Sin embargo, fue claro que realmente los órganos electorales no tenían la capacidad operativa ni financiera para ejecutar programas de educación cívica, ni siquiera a corto plazo, mucho menos programas estructurados y de carácter permanente. Entonces se modificó el enfoque y se pretendió mas bien que los órganos electorales fueran líderes, si no en ejecución, si en convocatoria y coordinación de los diferentes esfuerzos, tanto los que se promueven a otros niveles de la administración como aquellos adelantados por las organizaciones civiles. Importante, eso sí, que los órganos electorales mantengan sus propios programas de formación institucional para los agentes electorales y, además, sus campañas de información publica, complementarias pero muy diferentes a los programas de educación electoral. Frente a esta experiencia, las propuestas del estudio concuerdan bastante y encuentro supremamente oportuno el llamado a la articulación de esfuerzos y a la necesidad de programas permanentes y masivos.

13. En relación con el tema del voto electrónico, debo reconocer que me ha sorprendido bastante, desde mi llegada al país, el tono de la discusión. Se habla del voto electrónico no únicamente como una panacea, sino como una necesidad absoluta – pareciera que sin voto electrónico no hubiera posibilidades de modernizar el sistema electoral colombiano y mucho menos de resolver los problemas de credibilidad y confianza. Por eso me reconfortó bastante las conclusiones del estudio en que se habla del voto electrónico como un punto de llegada y no un punto de partida. Sin extenderme demasiado, quiero dejar muy claro mi planteamiento que el voto electrónico no es ninguna solución milagrosa, lejos de eso. Los efectos del voto electrónico pueden ser bastante negativos y tener un impacto nefasto. Por eso es importante estudiar con cuidado los casos donde se ha implantado el voto electrónico, principalmente en contextos como el colombiano, donde se sufre de una crisis de confiabilidad en el sistema. Contrariamente a lo que se piensa, el voto electrónico puede crear problemas de transparencia, en lugar de resolverlos. Las fallas mecánicas han sido notorias, no únicamente en lo relacionado con el voto electrónico, sino con otras modalidades de “alta tecnología” aplicadas a lo electoral. La DAE ha sido bastante cautelosa en recomendar la implantación del voto electrónico – no se trata de evitar o rechazar la tecnología, pero si es necesario evaluar las condiciones en que un sistema electrónico sea eficiente y garantice transparencia, y no lo contrario. Adoptar un sistema electrónico significa haber resuelto, previamente, los problemas estructurales de un sistema electoral y haber logrado afianzar altos niveles de confiabilidad y credibilidad de las instituciones y prácticas electorales. También requiere, como lo señala muy pertinentemente el estudio, un periodo de adaptación técnica y administrativa de los órganos electorales que hace imposible pensar, dentro de una lógica de transparencia y eficiencia, adoptar en el corto plazo un sistema de voto electrónico.

  14. Por otra parte, la discusión del voto electrónico me hace pensar (y con esto termino) sobre la tendencia a depender en la tecnología para modernizar y cualificar los sistemas y prácticas electorales. La discusión sobre la tecnología y las elecciones es fascinante y compleja, y no es aquí el momento de entrar de lleno en el tema. Pero si quiero resaltar que, en muchas ocasiones, son las técnicas simples las que pueden ser mas fácilmente aplicables y, más importante aún, las que pueden generar mas confianza en los procesos. Fue un duro aprendizaje para nosotros, pero aprendimos que en muchos casos un registro manual era más confiable que un registro electrónico, que un escrutinio manual podía resultar más eficiente y más confiable que uno computarizado. No quiero implicar con esto que en Colombia de deba llegar a un registro manual o depender de un escrutinio manual – lo que quiero señalar es que los métodos sencillos y manuales no deben ser descontados a priori. Hablando con funcionarios de la Registraduria, se mencionaba el problema del voto múltiple y de cómo evitarlo. Yo mencionaba la posibilidad de volver a utilizar la tinta indeleble, que ha sido una de las técnicas tradicionales para evitar el voto múltiple; sin embargo, la reacción me pareció poco entusiasta, basada fundamentalmente en que adoptar la tinta seria percibido como una acción “hacia atrás”, no como un paso adelante. Yo recordé mi experiencia en Palestina, en que los miembros de la Comisión Electoral casi se caen de sus sillas cuando, después de mirar varias opciones para evitar el voto múltiple, la alternativa más viable, según mi opinión, era la de la tinta. “No somos un país atrasado”, me objetaron. La tinta no era una opción posible porque parecía anticuada y atrasada. Pero dado que no se pudo contar con ninguna otra posibilidad, los palestinos adoptaron la tinta con mucho éxito en las pasadas elecciones, y se volverán a utilizar en las próximas. Una discusión parecida tuvo lugar en Irak, donde la tinta se convirtió en un símbolo del éxito de las elecciones. No estoy en contra de la alta tecnología al servicio de lo electoral, pero sigo pensando que la tinta indeleble en Colombia seria una excelente manera de generar confianza y evitar el voto múltiple. Obviamente, generar confianza en el sistema requiere mas que la adopción de medidas puntuales, y es solo con una reforma integral como la que se plantea en el estudio que el sistema electoral colombiano podrá modernizarse y superar los desafíos que el proyecto de asistencia preparatoria ha identificado tan oportunamente.

Otra vez, gracias por la invitación y felicitaciones a los contribuyentes a tan importante estudio.

 Carlos Mario Valenzuela

  Bogota, Agosto 2005

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