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La seguridad y la estética van de la mano
Cuando un ciudadano recibe la cédula amarilla con hologramas, advierte
un cambio notorio con sus antecesoras hasta el punto de que en algunos
casos se escuchan expresiones como: “esta cédula está más bonita”… Pero
además de bella también es más segura.
Las medidas de seguridad implican los hologramas, las tintas, las orlas,
los microtextos, los códigos de barras bidimensionales y una serie de
términos técnicos que para el ciudadano son poco comunes pero para la
Registraduría son fundamentales a la hora de certificar la autenticidad
de la identidad del ciudadano.
Con el paso del tiempo, las características de seguridad del documento
de identificación también han variado, pero durante estos años de
existencia, los tres formatos básicos: la blanca laminada, la café
plastificada y la amarilla con hologramas han tenido periodos de
coexistencia que llegarán a su fin el próximo primero de enero de 2010.
Diez diseños diferentes, que sólo tenían en cuenta la distribución de la
información y las características de impresión, tuvieron los formatos de
la cédula tradicional laminada que utilizó la Registraduría desde 1952
hasta octubre de 1993, cuando se implementó el nuevo sistema de
producción de los documentos.
El documento actual reúne unas características fruto de las exigencias
políticas, sociales y económicas del país. Las características de su
composición en materia de insumos fueron ajustadas para lograr un mínimo
grado de vulnerabilidad.
La cédula amarilla con hologramas está hecha con un material polivinilo
con tintas birreactivas micro textos, orlas, fluorescencia, alta
resolución de imagen (640dpi), facilitando el cotejo dactiloscópico
manual, recubrimiento con plásticos de alta resistencia, tiene
hologramas que garantizan la imposibilidad de una falsificación y cumple
con los estándares mundiales para este tipo de documento.
Estos elementos, visibles y no visibles, se utilizan para hacer el
documento invulnerable a la falsificación, adulteración, duplicación y
simulación para garantizar la tranquilidad del portador y las entidades
que deben comprobar su identidad.
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