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La dactiloscopia, fortaleza del sistema de autenticidad del ciudadano colombiano


Por décadas, la dactiloscopia ha sido el fundamento científico del sistema de identificación en Colombia y hoy, 75 años después del nacimiento de la cédula de ciudadanía, la tecnología ha cambiado pero la toma de impresiones dactilares sigue siendo parte fundamental del proceso.

La dactiloscopia es un procedimiento técnico para estudiar los dactilogramas con el fin de identificar a las personas.

Esta técnica se empezó a utilizar en el país desde comienzos del siglo XX mientras que en Inglaterra y Argentina, se comenzó a aplicar desde finales del siglo XIX.

Inicialmente, despertó el interés de los médicos legistas quienes buscaban un método para reconocer a las víctimas. Por su parte, las autoridades necesitaban establecer los responsables de hechos delictivos y el sistema entonces, se universalizó como medida de seguridad en el proceso de identificación.

Para establecer la identidad de una persona se requiere hacer una reseña previa de las impresiones dactilares. Los dactiloscopistas son las personas preparadas para estudiar, analizar y comparar reseñas o señales particulares del individuo para caracterizarlo y lograr así, la autenticidad de la identidad del ciudadano.

Inicialmente, la Policía Nacional fue la institución responsable de instruir y capacitar a los dactiloscopistas encargados del proceso de cedulación.

Sistemas utilizados

Juan Vucetich, de origen austriaco, residente en Argentina, siguió las bases del sistema inglés establecido por Galtón y Henry, que utilizaba el registro de figuras formadas en las yemas de los dedos, mediante una red capilar o conjunto de líneas arqueadas ubicadas en forma ascendente y descendente.

Vucetich diseñó un sistema de clasificación para Argentina, el cual serviría de base para otros países de América Latina. Por su parte, Federico Olóriz, médico español complementó el sistema Vucetich, siguiendo el modelo inglés, estableció un tipo de nomenclatura para la fórmula y subfórmula de los dactilogramas. Con estos ajustes, el sistema Vucetich fue aplicado en España, principalmente en los cuerpos de policía y para determinar castigos.

Con la Ley 31 de 1929, que estableció la cédula de ciudadanía en Colombia, se promovió la adopción de un sistema dactiloscópico similar al registro de policía Vucetich – Oloriz con el fin de evitar el fraude a partir del reconocimiento de los dactilogramas.

Con base en la dactiloscopia, la llamada ‘cédula antigua’ comenzó a expedirse a finales de 1934 y mediante el Decreto 2098 se suspendió en octubre de 1951 con el objetivo de buscar la autenticidad del ciudadano.

Después de que la Misión Técnica Canadiense analizó el Sistema Electoral colombiano en 1949, mediante el Decreto 2864, en 1952 se adoptó la cédula blanca laminada que en términos sencillos, era una foto del ángulo inferior izquierdo de la tarjeta decadactilar.

El punto central de la digitalización se mantuvo pero con el uso de moderna tecnología cuando comenzó a utilizarse la cédula de segunda generación o café plastificada a partir del 14 de noviembre de 1993.

Con base en la tecnología Afis (Automated Fingerprint Identification System), que permite la verificación automática de la identidad de las personas mediante la comparación de las huellas dactilares de los ciudadanos, se inició en el 2000 la producción de la cédula amarilla con hologramas.

Está claro entonces, que no obstante la tecnología de punta utilizada en su momento, las impresiones dactilares de todos los colombianos, recogidas durante décadas, han sido, son y seguirán siendo la base del sistema de identificación que en el futuro podrá ser biométrico, es decir, a partir de la impresión dactilar, el iris, el ADN, o cualquier otro rasgo biológico irrepetible de cada ser humano.

 
Conocimiento y criterio, patrimonio intangible

Disciplina, experiencia, conocimiento y criterio son algunas de las cualidades que le han permitido a Blanca Cecilia Piñeros Gutiérrez cumplir con su labor de técnico administrativo, homologada como dactilocopista, durante los últimos años.

Ha dedicado su vida a este oficio, que no obstante la llegada de modernas tecnologías, según ella, no se acabará porque se necesita una persona que diga la última palabra. “Hay que analizar lo que arroja la máquina o lo que está en el papel, hay que dar un concepto”, dice tras recordar que cuando llegó a la Oficina de Dactiloscopia, laboraban allí unas 50 personas.

Sus herramientas han sido desde entonces, la tarjeta decadactilar y la lupa pero pronto las dejará de lado por la llegada del equipo nuevo, en el que se ingresa la tarjeta y la máquina hace la búsqueda correspondiente.

Mientras llega ese momento, la dactilocopista realiza minuciosas búsquedas técnicas que demandan mucha investigación. “Búsquedas técnicas”, denominan los funcionarios de la Registraduría Nacional del Estado Civil el trabajo que realizan cuando a un ciudadano se le olvida el número de su cédula, intenta cedularse nuevamente, solicitan la adjudicación de un número o medicina legal envía huellas a la Entidad para que aquí se encuentre a su correspondiente dueño.

La experiencia y habilidad de Blanca Cecilia Piñeros Gutiérrez se observa fácilmente cuando con sólo decir el número de la cédula y como por arte de magia, ella logra saber si el portador es un hombre, una mujer o dónde fue expedido el documento. Posteriormente, elige uno de los archivos existentes, ubica la base de datos en donde se encuentra la tarjeta decadactilar, analiza las impresiones y con su criterio asume la responsabilidad de evitar una suplantación o identificar plenamente a un ciudadano requerido por la justicia.

Gracias al trabajo de Blanca y sus compañeros de la Oficina de Dactiloscopia, se logra respetar el derecho humano fundamental de las personas a tener una identidad única.
 
   

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